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El Sueño de un Oso Hormiguero. Cuento. #JuevesLiterarios

Escrito por: Diana María Velásquez Escobar 

Ilustraciones por: Juan Carlos Bonet

 

Calculo que eran las 5:45 de la mañana cuando desperté. Asomé mi hocico; afuera un firmamento azul profundo dejaba entrever las últimas estrellas que iban desapareciendo una a una para dar paso a un nuevo amanecer.  Comenzaba un lindo día de enero.

Oso hormiguero 1

Salí de mi cueva, estiré mis patas, peiné mi cola, sacudí mi hocico, di tres saltos y grité ¡GRACIAS! ¡Gracias Padre Sol! ¡Gracias por este nuevo día!

Oso hormiguero 2

Iré al río para darme un baño – pensé – luego iré al hormiguero a comerme un suculento desayuno con esas crocantes hormigas, ¡ahhh! ¡qué delicia! su sabor, ¡cómo me gusta su delicioso sabor!

Y comencé a caminar.

– Buenos días Tigre ¿cómo amaneciste hoy?

– Buenos días Beethoven, ¿hacia dónde te diriges tan alegre y sonriente?

– Voy al río a nadar, ¿quieres acompañarme?

– ¡Por supuesto que quiero! – contestó el Tigre. Hace una linda mañana y nada mejor que comenzar el día en las limpias aguas del río. ¿Beethoven, conoces la Cascada de Cristal?

– No, no la conozco ¿tú sí? – pregunté.

– Claro que la conozco, no te imaginas, es hermosa, estoy seguro que nunca has visto algo igual ¿quieres ir allá?

– Magnífica idea, ¡vamos, vamos, ya quiero conocerla! – Y emprendimos el camino.

Oso hormiguero 3

Un bosque fresco y profundo acompañaba el sendero. Los gotitas de rocío pintaban aún cada una de las hojas de aquellos árboles centenarios; enormes abuelos llenos de sabiduría; sus troncos cubiertos de musgo parecían contar historias de antiguos caminantes.

Flores multicolores dibujaban una linda sonrisa a los viajeros irradiando con su aroma un aire perfumado. Cientos de pájaros entonaban cantos; agradecían a su Creador.  Mariposas transparentes danzaban libres, delicadamente libres, sin reglas ni coreografías, solo bailaban.

– ¡Ahhh! Qué linda y agradable mañana ¿verdad Beethoven?

– Si Tigre, está relinda. ¿Sabes? Anoche tuve un sueño.

– Ahhh ¿sí? ¿y qué soñaste? Cuéntame.

– Soñé que estaba en una tierra mágica en donde todos los animales tenían alas; todos, absolutamente todos podían volar, incluso las hormigas, y eran gigantes, multicolores y hermosas, habían hormigas azules, verdes, naranjas, rojas, blancas, estaban por todas partes, podía verlas volar por encima de los árboles, tenían sus casas en el aire. De pronto una de ellas se posó en mi hocico y me dijo:

– ¡Holaaaaa! Me llamo Teresa y tu ¿quién eres?

Aturdido y sorprendido contesté:

– Sooooy, soooy Beethoven, ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué todos tienen alas y yo no?

Oso hormiguero 4

– Cálmate Beethoven, cálmate, estás en la tierra de tus sueños, estas aquí porque tú mismo has querido venir y no tienes alas porque quizá no estás preparado para volar, algún día sin duda lo estarás…

– ¿Y por qué las hormigas tienen distintos colores? – pregunté.

– Porque nuestro color depende del clan al que pertenecemos, por ejemplo, yo soy azul, nuestro clan se encarga de dar la voluntad y la fuerza que se necesita para cumplir tooooodooooos  los sueños;  aquellas verdes son las encargadas de sanar y curar a las hormiguitas enfermas; las violetas nos ayudan a olvidar el pasado y los malos recuerdos; las blancas nos enseñan que nuestra esencia es  de luz; las doradas son las hormigas de mayor edad, son las encargadas de transmitir el conocimiento de nuestros antepasados y su labor consiste en recordarnos quiénes somos realmente y preparan nuestro camino de regreso a casa…

¿A Casa? ¿Cuál Casa? Ésta hormiga está loca – pensé.

– ¡Mira, mira Beethoven! – agregó Teresa – Aquellas son café y ¿sabes por qué? Porque su labor es el servicio, siempre están dispuestas a ayudarle a las demás, nunca descansan, siempre las verás sonrientes, viven felices de poder servir.

Era un arcoíris multicolor de hormiguitas libres, radiantes, no tenían miedo, no huían, no se escondían, solo volaban.

De pronto sentí un fuerte aleteo en mis orejas y suazzzz desperté. Un cucarrón se estrelló en mi nariz y me hizo entrar de nuevo en ésta realidad.

– Qué extraño sueño Beethoven, realmente extraño, supongo que son los espíritus de todas las hormigas que te has comido ¿verdad? Ja ja ja ja ja – y nos echamos a reír.

– Posiblemente Tigre, posiblemente, aunque eso no es lo que pienso cuando las estoy saboreando, no puedo dejar de disfrutar su delicioso sabor, son ¡taaaan ricas!

Y así entre risas continuamos caminando.

– Ya casi llegamos Beethoven, la Cascada de Cristal está cerca, vamos por este atajo para llegar más rápido, ya verás que lindo lugar.

Seguimos avanzando por entre el bosque para encontrarnos con rocas enormes que como abuelas hacían guardia a lado y lado custodiando la entrada a lo que más adelante yo llamaría Mi Refugio.

Fuimos sintiendo algo especial: era una brisa suave, cálida. Era como si todos los sonidos del bosque se hubieran apagado para dar paso a un profundo silencio: las palabras ya no eran necesarias, solo había espacio para sentir. Nos detuvimos un momento para vivir esa paz infinita que el bosque nos brindaba. Callé mis sentidos y percibí que El Espíritu del Bosque me envolvió: comprendí que los árboles tienen vida, los abracé, sentí su latido, su fuerza; escuché su voz internamente, me saludaban, me daban la bienvenida. Hice una reverencia y bajé mi cabeza en señal de agradecimiento a aquellos nobles amigos que nos dan lo mejor de sí.  Los sentí tan míos y a la vez de todos, creo que me convertí en árbol por unos instantes… Fue un momento muy, muy especial.

Oso hormiguero 5

Luego de aquella inolvidable experiencia, caminamos en silencio por un largo trayecto, ambos distraídos en pensamientos lejanos.

De pronto, comenzamos a escuchar el fuerte sonido del agua cayendo en las piedras. Apuramos nuestros pasos deseosos de llegar, corrimos y…

– ¡Guaaaauuu, La Cascada de Cristal! ¡Tigre es fantástica y enooooorme!

Comenzamos a ver miles de bolitas transparentes que nos envolvieron completamente: era una cascada fuerte, pero a la vez cálida y suave, un gran arcoíris besaba sus aguas llenando aquel lugar de luz, mucha luz, luces de todos los colores. Aquellas bolitas jugaban a aparecer y desaparecer,   brillaban.

No podía creer que existiera algo así. Solo podía decir, ¡Gracias! ¡Gracias! Sentí que podía tocar las nubes, las estrellas, me sentí vivo, feliz…

Mi pelaje comenzó a mojarse suavemente, todo mi cuerpo brillaba y comencé a danzar.

– ¡Mira, mira Tigre! Soy de cristal, ¡mira, mira cómo brillo!

– Siiiiii Beethoven ¡eres de cristal! Sabía que te encantaríaaaa.

Y comenzamos a brincar.

Oso hormiguero 6

Pasamos un largo rato en aquel bello lugar. Ya cansados de danzar y danzar decidimos salir del agua y terminar aquella fiesta.

– Ha sido una experiencia inolvidable Tigre. Gracias por guiarme hasta aquí, vendré todos los días, te lo prometo.

– Me alegra mucho Beethoven que te haya gustado este lugar y que lo hayas disfrutado tanto como yo. ¿Y ahora qué? ¿un buen desayuno?

– Estoy de acuerdo, nos vendrá bien un graaaaan desayuno.

Sacudimos nuestro pelaje y salimos en busca de un sabroso manjar.

Quedamos felices, cantamos por todo el camino hasta llegar al lugar donde habitualmente comía mis hormigas. Cuando estábamos acercándonos…

– Espera, espera Tigre, espera un momento.

Detuve mi paso y tras unos arbustos aguardé para no ser visto por las hormigas. Observé detenidamente sus movimientos; unas subían, otras bajaban, unas llevaban las hojas, otras las semillas. Vi cuán hermoso era su hormiguero; nunca me había detenido a mirarlo, las hormigas construían magistralmente su hogar y trabajan en armonía.

Oso hormiguero 7

– ¿Qué pasa Beethoven?

– No se Tigre, tengo hambre, pero ahora que lo pienso, no quiero comerme las hormigas; siento que no está bien que me las coma, ahora puedo ver lo hermosas que son, han tenido que trabajar mucho para construir su hormiguero, no tiene sentido que ahora venga yo a destruirlo con mis patas y mi hocico tratando de agarrarlas y ver como huyen asustadas para salvarse de mi voraz apetito. No, no puedo hacerlo, por primera vez siento que no puedo hacerlo…

– No te preocupes Beethoven, lo que estas sintiendo es normal, y pasa cuando te haces consciente de que todos hacemos parte de este Universo y que si lastimas a cualquier ser, por pequeño que sea, te estás lastimando a ti. No te pongas triste, estoy seguro que las hormiguitas te sabrán perdonar, son seres que llevan siglos en el planeta, son inteligentes y entienden tu proceder. ¡Ven! Vamos a mi casa, allí tengo pastelitos de nueces y chocolate, seguro te gustarán.

Luego de caminar en silencio por el bosque llegamos a casa del Tigre.  Es un lindo lugar, cálido y acogedor, cuidadosamente ordenado; cada rinconcito refleja el amor con el cual fueron puestas las cosa allí.  Me sentí como en casa, cómodo, tranquilo. Comimos sin hablar. Ninguno de los dos volvió a mencionar el tema.

Oso hormiguero 8

Después de darle las gracias a mi amigo, regresé a casa.  Todo el día pensé y reflexioné en lo que viví y aprendí en la mañana.

Llegó el atardecer y con él la experiencia de un día particularmente especial, lleno de enseñanzas y un gran aprendizaje.

El sol comenzó a desvanecerse por entre las colinas del oeste para dar paso a la blanca luna que comenzó a brillar en el horizonte, luminosa, enorme, mágica.  Miles de lucecitas empezaban a brillar en el cielo profundo, infinito; decenas de estrellitas fugaces aparecían velozmente para recordarnos que somos viajeros estelares, hijos de las estrellas y que nuestro origen está allá arriba y que es allí donde sin duda, algún día regresaremos…

– Mañana será otro día, mañana me sentiré mejor – pensé.

Entré en mi cueva, organicé las pajas, suspiré profundamente, miré la luna, le di las gracias, le mandé un beso, y me dormí…

Por: DVelásquez

Medellín – Colombia.

*Ilustraciones para colorear enviadas por la autora, dibujadas por Juan Carlos Bonet.

Dore Zapata

About Dore Zapata

Dore Zapata
Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia. Activista de la Revolución de la Cuchara desde principios de 2008.

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