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¡Ojo! Siempre comemos en casa del vecino

El cotidiano e incómodo abismo entre lo que quisiéramos hacer y lo que hacemos puede disminuir su anchura dependiendo de nuestras compañías. Si quieres superar algo, cambiar, tomar nuevos hábitos no lo busque más, estamos hechos de lo que tenemos a mano, de la gente que tenemos a mano. El vecino nos alimenta. De hecho la antigua discusión entre si comemos carne porque nuestro cuerpo está hecho o no para eso, queda relegada ante una sencilla prueba que se antepone a toda discusión: Comemos carne (de forma natural o no) porque quienes estaban a nuestro alrededor en cierto momento comieron carne. Punto.

Eso de las actividades del ser humano, se podría decir, es un asunto estándar. No sólo por el conocido, nacer, crecer, reproducirse, enfermar y morir, sino también en su vida diaria. Palabras más, palabras menos la dinámica va así: compartimos, comemos y hablamos (nos confesamos a ratos) con otros. Siempre con otros.

Cuesta reconocerlo y no lo vamos a aceptar a la primera, pero somos influenciables hasta el tuétano. Y como ocurre con tantas cosas reconocerlo es el primer paso para superarlo. Lo otro, es ilusión y, como también se sabe, nada mejor que la ilusión, para volvernos vulnerables. Bajo la idea de: sé tú misma, marca tu estilo, haz la diferencia, las cremas de manos y la moda en general, venden sus más ridículas propuestas que nos hacen andar todos tan iguales.

Una vez reconocido el asunto podemos entonces avanzar y saber que no sólo que tenemos que ver por donde andamos, sino que la influencia va en las dos direcciones. Y eso nos da una esperanza pero nos hace también responsables. Aquel que tiene la buena fortuna de enterarse por ejemplo de que la carne no viene del supermercado, (algo, que creámoslo o no es una increíble novedad para más de uno), tiene la responsabilidad de, por más que el medio empuje a que lo olvidemos, a ser una fuerza que se contraponga con su capacidad de influencia a ese nocivo envión.

De eso se trata a grandes rasgos la marea en la que andamos. Nadie no lee, nadie no participa, la pasividad también es una acción, nadie no filosofa, cuando no filosofamos dejamos que otros filosofen por nosotros. El criterio propio, esa cosa tan apreciada y defendida, no es algo que se forma así no más, de hecho es seguro que sí vez televisión de forma regular tu criterio propio esta minado en un gran porcentaje, si es que todavía queda algo.

Así consumidores de azúcar, carne, televisión o cualquier adicción más, sólo el volvernos activos nos dará la salida de este hueco. Y esto va más allá de las urgencias de esta semana donde se prueba tu criterio. Las elecciones que te deberían apasionar no se dan sólo cada cuatro años, es una cuestión de cada desayuno.

Miguel Rodriguez

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