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Los toreros muertos. Cómo evitarlos y promoverlos a la vez

¿Pueden evitarse los toreros muertos? Nos preguntamos esto porque ha caído un nuevo torero. Un nuevo torero muerto. Es lamentable, en esto coinciden todos, tanto los que apoyan su profesión como los que no. (Pasando de largo los comentarios mordaces de los más aguerridos que celebran como modo de protesta).

Ahora bien, ante un hecho lamentable lo siguiente es hacerse una serie de preguntas, que nos conduzcan a una solución, caso contrario solo seríamos simples comentaristas cómplices. Y algunas preguntas son: ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Qué ha pasado? ¿Se pudo haber evitado esa muerte? ¿Pueden evitarse otras muertes similares? ¿Pueden, en últimas, evitarse los toreros muertos?

Para algún niño que pregunte habría que explicarle que lo que hacía el torero era ganarse la vida. Esa sería sin duda la forma más eficiente de entenderlo. Luego decirle que así como el torero estaba ejerciendo su profesión, así también muchos bomberos, y médicos han muerto en lo suyo. Claro, la diferencia salta a la vista: ellos lo hacían con una noble finalidad. Lo que dejaría nuevamente en entredicho la profesión en cuestión.

Podemos entonces pasar a explicarle como también hay mineros, cuya finalidad sea quizás más dudosa, o incluso deportistas, como los corredores de carros o boxeadores, quienes en nombre de la mera diversión, suman más muertes en “acción” que todos los toreros muertos. Entonces, tan normal como que muera un torero es que muera un corredor de carros. Accidentes, no más.

Acá podríamos poner fin al asunto y dejarlo como gajes del oficio. Sin embargo, hay un pequeño detalle que quizás no se le pueda ocultar por mucho tiempo al infante indagador y es que a diferencia de los carros o el boxeo, el torero celebra y triunfa bajo la condición indispensable de la muerte de otro ser vivo. Y ahí la cosa podría se puede poner más difícil de explicar, claro, se puede poner una línea amañada entre animales y nosotros. Y se puede decir que los animales, pues son animales, es decir: no piensan como nosotros. Momento en que el niño podría concluir que alguien con síndrome de down puede caer en esa definición o un anciano, ¿Por qué no? Y podría promover corridas con diversidad de “especímenes”

Y entonces… ahí…

Bueno, resulta que el torero se ganaba la vida en una profesión que incluye la muerte de un ser vivo. ¡Ok! E incluye esa muerte no como accidente sino como parte esencial de la diversión. Claro, en algunos casos se indulta, pero siempre y cuando se haya dejado torturar bien. Parece que no hemos quedado sin justificación alguna. Y así: es lamentable la muerte del torero pero se vendrán otras. Porque mientras sigan los espectadores seguirá el espectáculo, ellos reclaman que la cosa vaya tal cual. Con el riesgo de la muerte inminente, esa, ESA, es la gracia.

¿Solución?

No sé si sirva de mucho pero en mi caso, mientras algunos niños aprendían a sacarle gusto al asunto, yo por mi parte obtenía mucha diversión (que siempre hace falta), escuchando con fiebre melómanotaurina a “Los toreros muertos”.

Se los recomiendo, te diviertes harto y nadie sale herido. Os dejo el enlace.

Los toreros Muertos.
Los toreros Muertos.
Alejandro Arango

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