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Menos apetito y más corazón. Cuento. #JuevesLiterarios

Por: Aura María Ruíz Tobón. Activista de la Revolución de la cuchara Medellín y Co-fundadora de ReVegan.

Todos los días Arturo se levantaba temprano en la mañana para ir a trabajar, era una persona con muchas responsabilidades, estaba a cargo de una gran compañía de telecomunicaciones y tenía tres hijos a los que alimentar, sin embargo, su vida no había sido siempre así, en su infancia él había vivido en una pequeña granja con su padre, un hombre de creencias conservadoras que lo había iniciado desde muy pequeño en las labores del campo y que deseaba que su hijo llegara a tener una granja mucho más grande en el futuro, para seguir con el legado que su familia llevaba desde hacía tantos años.

No obstante, el sueño de su padre no podía estar más lejos de la realidad, ya que Arturo se había convertido en un gran empresario, había pasado por una serie de malos matrimonios y más allá de vivir una vida sencilla en el campo, vivía rodeado de lujos y de excesos, siempre comía en cadenas de restaurantes que servían comida chatarra, nunca dormía más de cuatro horas diarias y su contacto con la naturaleza era prácticamente nulo, sin embargo, siempre había sentido una gran pasión por los animales, le encantaba ir a su hacienda los fines de semana y montar en caballo el día entero, arriar el ganado, ayudar con el ordeño de las vacas y la recolección de los huevos. Él amaba a sus animales y estaba seguro de que ellos lo amaban a él.

Ese lunes en particular había sido un día largo y pesado para Arturo, quien se sintió cansado de tanto pensar, de tanto trabajar, de tanto luchar, deseaba poder descansar, poderse convertir en alguien más y lo deseó tanto que sin darse cuenta se vio así mismo en el cuerpo de su antiguo amigo “Corazón”. Corazón era un cerdo que su padre había tenido cuando él era apenas un niño, estuvo con ellos desde que nació y Arturo se había encariñado mucho con él, sin embargo, un día cuando su padre decidió que era momento de que Corazón partiera para saciar su apetito, él lo entendió; finalmente esa era la función que debía cumplir en la vida, todo el mundo sabía que los cerdos habían nacido para alimentar a la humanidad, no obstante lloró como nunca había llorado, pero su llanto no le impidió comerse una buena tajada de su amigo Corazón.

Ahora que sentía haber reencarnado en Corazón, estaba muy feliz, pensó que la vida de un cerdo era bastante buena, ¡Qué bien se sentía sumergirse en el barro todo el día sin que nadie te lo reprochara! ¡Qué bien se sentía no tener que ir a trabajar! ¡Qué enorme sentimiento de libertad! Entonces cuando creyó que no podía ser mejor, sintió una mano suave que le hacía cosquillas y le acariciaba todo el cuerpo, se inclinó para ver de quién se trataba y ¡Vaya sorpresa se llevó! cuando se vio así mismo a la tierna edad de 8 años acariciando a su mejor amigo Corazón, en quien ahora se había convertido.

Jugaron todo el día juntos, Arturo jamás se había sentido tan feliz, pensó que reencarnar en Corazón era lo mejor que le había pasado en la vida, agradeció al cielo por semejante bendición y disfrutó cada uno de los días con mayor entusiasmo que el anterior, seguro de que vivir en un mundo donde no se tuvieran responsabilidades ni preocupaciones era un regalo que el universo le había proporcionado por lo bueno que siempre había sido con sus amigos los animales.

Cada día era mejor que el anterior, algunas veces le llevaban cantidades enormes de comida que podía pasar todo el día ingiriendo sin que nadie lo molestara porque fuera a ponerse gordo, de hecho eso era justo lo que le había sucedido, había ganado una enorme cantidad de peso desde que se había convertido en Corazón, ya no podía correr como al principio ni moverse tanto como lo hacía antes, pasaba la mayoría del tiempo echado y comiendo, pero no podía quejarse, esa era la clase de vida que siempre había deseado y si el precio por tener una vida perfecta era dejar de moverse un poco, pues eso no tendría por qué ser un problema.

Cuando habían pasado ya un par de meses desde que se había transformado en Corazón, vio por primera vez a su padre, se sintió tan feliz de verlo que no pudo controlar la emoción y corrió a saludar a aquel hombre que hacía más de 5 años no veía,  cuando había sucumbido a un cáncer que lo consumió por completo, era entonces un regalo enorme verlo así, tan joven, tan lleno de vida; sin embargo, al acercarse no recibió la respuesta que él esperaba pues su padre lo apartaba casi sin prestarle atención e incluso le hacía reproches para que se quedara quieto.

Por primera vez desde que se había convertido en Corazón se sintió triste, quiso poder abrazarlo, tomar la forma que tenía cuando era un niño de 8 años, recibir de su padre la mirada de amor que siempre le había otorgado y no aquella llena de indiferencia, se sintió enfermo, comenzó a experimentar el deterioro de su cuerpo, tanto salto, tanto alboroto lo habían dejado muy agitado; no podía controlar sus jadeos, le dolía el cuerpo, sentía una presión en el pecho, quería sentirse mejor para poder correr como antes y sin embargo la comida no dejaba de llegar, aun cuando no deseaba comer lo obligaban a hacerlo, de repente dejó de parecer tan divertido el haberse convertido en su amigo Corazón.

Pasó unos días terribles, no sabía cuánto tiempo había pasado pero le parecía una eternidad cada minuto, el verano había llegado a la granja y él estaba allí encerrado en un establo todo el día con el sofoco de las tardes, casi sin agua y con una cantidad enorme de alimento que debía ingerir, se preguntó por qué ya no iban a visitarlo tan a menudo, por qué ya no jugaban tanto con él, por qué no le llevaban agua más seguido, tenía mucha sed, mucho calor, no podía pensar claramente y se había puesto tan gordo que ya no podía dar ni un paso, deseó con todas sus fuerzas volver a su vida anterior, volver a ser Arturo, ya no le parecía tan malo su trabajo de antes, solo quería poder moverse, poder caminar… ¡Y pensar que en su cotidianidad nunca andaba, siempre iba en auto! ¡Qué idiota había sido!

Comenzó a cuestionarse todo su pasado, se dio cuenta de lo equivocado que estaba al haber desperdiciado su vida, debería haber sonreído más, debería haber cuidado más de sí y de las personas que amaba, debería  haber sido un mejor ser humano, una persona más activa, un mayor contribuyente a la sociedad, un ciudadano menos contaminante, más consciente, más sensible, menos egocéntrico, menos ignorante, menos petulante, menos indiferente…

Estuvo sumido en sus pensamientos un tiempo tratando de olvidar la situación en la que se encontraba, pero entonces el olor comenzó a tornarse insoportable, llevaba días allí sin poderse mover, sumergido entre sus propios excrementos y los restos de la comida que ya no era capaz de consumir por completo, comenzó a sentir arqueadas, quiso vomitar pero no pudo, quiso llorar pero las lágrimas no brotaron, quiso hablar pero solo le salían chirridos, se vio a sí mismo completamente impotente, no podía contarle a nadie lo que le estaba ocurriendo, no podía pedir ayuda, ni si quiera podía drenar todo el dolor y la impotencia que sentía ¿Qué clase de vida era esta? Sentir tanto y poder expresar tan poco…

De repente vio que su versión más pequeña de sí mismo entraba por la puerta del establo, se sentó a su lado bañado en lágrimas, volvió a acariciarlo como lo hacía antes y lo abrazó como nunca lo había hecho antes, entonces le pidió perdón y él quiso contestarle, quiso preguntarle qué pasaba, por qué debía de disculparse, comenzó a indagar en su memoria tratando de encontrar en sus propios recuerdos ese momento, él nunca le había hecho daño a Corazón, no había hecho más que amarlo, ¿por qué venía entonces ahora a pedirle perdón? Luchó con todo lo que pudo para traer los recuerdos a su mente, pero se sentía tan débil y tan enfermo que no podía recordar nada, solo deseo que no se fuera, que no lo dejara de nuevo solo en la oscuridad del establo, que lo acariciara un poco más, era lo único que pedía, un poco de amor, una pizca de entendimiento.

Se sintió triste cuando su versión más joven abandonó el establo, pero no tardó mucho tiempo para que su padre apareciera, se sintió muy feliz de verlo, esta vez había sido mucho más amable con él, parecía notarlo por primera vez desde que se había convertido en Corazón, después de unos minutos lo movió para que saliera del establo, pero él no podía moverse, se sentía pesado y muy cansado, de repente sintió un dolor punzante en su cuerpo, una corriente eléctrica, casi no pudo creerlo cuando giró su cabeza y vio a su padre colocando sobre su piel un objeto que lo electrocutaba, le era difícil moverse, pero prefería intentarlo con tal de no soportar aquel dolor, juntó todas sus fuerzas y salió del establo.

Una vez que estuvo afuera se desplomó nuevamente en el suelo, observó a su padre bajo la luz del sol y le pareció que le ofrecía una mirada llena de lastima, fue entonces cuando vio que su padre sostenía una pistola en la mano, entonces lo entendió todo, había llegado el día, iba a matarlo, comenzó a moverse aterrorizado pero dos sujetos lo sostenían con fuerza y el ya no tenía alientos para luchar, sin embargo lo intentó con todas sus fuerzas, intentó decirles que se detuvieran, que no lo asesinaran, que deseaba vivir, pero las palabras no salían de su boca, solo lamentos y chillidos que parecían causarle gracia a aquellos hombres ¿Cómo podían burlarse? ¿Es que acaso no entendían que iba a morir? No había nada de divertido en la muerte.

Sintió que el frío del metal se ceñía a su frente, movió la cabeza bruscamente, pero cada vez volvían a acomodársela, no había escapatoria, iba a morir, era completamente injusto. Cerró los ojos y sintió como su alma lo abandonaba, ¡Pero de repente sintió que volvía a entrar a su cuerpo! Se sentó respirando agitado, sudando a chorros, corrió hacia el espejo de su baño y allí estaba de nuevo en su forma humana, había vuelto a ser Arturo, de hecho nunca había dejado de serlo ¡Todo había sido un sueño! ¡Qué alivio! ¡Qué felicidad! Pero si no había sido real, ¿Por qué se sentía tan incómodo?  ¡Tan alterado!..

Fue allí cuando lo supo, no solo había despertado de su sueño, sino de un largo letargo en el que había estado sumido toda su vida, lo entendió, lo comprendió todo; Corazón su amigo de la infancia no deseaba morir, no deseaba ser usado como mercancía, ni ser esclavizado o usado en favor de los intereses humanos, de la misma forma las gallinas, las vacas y los caballos de su hacienda no deseaban ninguna de estas cosas, ellos solo querían ser felices, realizarse, tal y como él lo deseaba. Había pasado toda su vida con una venda sobre los ojos, no podía seguir consumiendo seres vivos, no podía seguir vistiéndose con sus pieles, no podía seguir menospreciando la vida de seres con sistemas nerviosos, que podían sentir dolor, que podían crear vínculos emocionales y que podían sentir temor y oler la sangre.

Al día siguiente decidió faltar a su trabajo y dirigirse directamente a su hacienda, sacó a los animales de los establos y de los graneros, liberó a los caballos de las sillas de montar, liberó a las vacas y a las gallinas de sus eternos trabajos para proveer alimento, y se liberó a sí mismo del peso de sus propias acciones, ahora ya no tenía ataduras, ya no sentía pena ni desdicha, era el día más feliz de su vida, el día en el que había comprendido que lo que el mundo necesitaba era menos apetito y más corazón.

Medellín – Colombia.

Dore Zapata

About Dore Zapata

Dore Zapata
Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia. Activista de la Revolución de la Cuchara desde principios de 2008.

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