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Las primeras cucharadas de paz.

Al parecer decidieron en Colombia dejarse de dar bala entre los poderosos para repartir el manejo de buena parte de la tierra y los recursos. La gente ve eso y se alegra porque es bueno, porque aunque seguro van a repartir mal igual no tienen que sumarle a ello el darse bala. Por lo menos eso se entendió y quizás, ya sin tanto ruido de fusil, se pueda empezar a hablar en serio de qué es lo que pasa con la tierra y con su gente.

Y con la tierra y con la gente pasan muchas cosas… pero es esencial preguntarse dos asuntos: ¿Qué uso se le da a la tierra? y ¿Cuál es el papel de las personas? Aterrizada esta pregunta en un rasgo vital de: ¿Qué hacen cuando tienen poder? Es bien conocido el proverbio chino que dice: “Si quieres conocer a alguien dale poder”. Cosa que aplica desde el trabajo en equipo más básico, hasta las relaciones sentimentales. Pero vamos por partes:

La utilización de la tierra debe partir del hecho más que básico de buscar la manera en que lo que se pueda obtener de ella rinda para alimentar a los que andan por ahí. Esto es general y obvio y en Colombia, por sus geografía y extensión, está clarísimo que no debería haber ningún problema al respecto, sin embargo, resulta que hacerlo así puede ser bien para la mayoría pero arruinaría el negocio de la conocida industria ganadera, muy de la mano de uno de los grupos que negociaron recién, e ignorada de plano por el otro grupo que pide una mejor repartición de todo el pastel descuidando algo vital.

Una ignorancia crasa ya que por el lado de la tierra y su uso podemos encontrar un vasto espacio de revolución verdadera y es la que tiene que ver con los animales. Utilizar la tierra para la ganadería en vez de utilizarla para sembrar es el peor y más injusto uso que se le puede hacer. Si a eso le sumamos olvido de los que si siembran, políticas en contra de ellos, minería y el desespero del narcotráfico, tenemos presente y para quedarse el viejo problema sin resolver. “mientras hayan mataderos habrán campos de batalla”.

A este punto viene la segunda pregunta: ¿Qué hace la gente con poder? Si sales a la calle y haces esta pregunta vas seguramente a reunir cientos de testimonios de personas quejándose de políticos, congresistas, magistrados, comandantes, jefes de frente… toda esa gente de poder. Quejas que, como vemos, nunca dan ningún fruto, ni con el dulcecito amargo siempre al final de la democracia. Y es que en esa misma óptica de la queja del poder de los otros reside el problema. El secreto del poder de los poderosos es hacernos creer que sólo ellos tienen el poder. Y que centremos nuestras esperanzas en que algún día van a cambiar o va a llegar alguno que lo hará bien. Y eso no se descarta, y vale la lucha, sin embargo, si en las bases, si en el común denominador (que es donde salen aquellos grandes hombres buenos gobernantes soñados) si ahí, no entendemos que también tenemos poder, y que hacemos un terrible abuso de él cuando nos aprovechamos de los animales (esos indefensos que vienen a darnos el poder y a ayudarnos a conocernos realmente), entonces una vez más el asunto seguirá igual. No hay como quejarse del abuso de los poderosos, si de sacar ventaja y aprovecharse de su posición sin mirar el dolor de los demás se trata, hay primero que ver que lo mismo hacemos nosotros a nuestra pequeña escala.

Que la alegría de los acuerdos firmados y el gesto positivo de tales poderosos nos sirva de ejemplo para parar nuestras propias guerras a la hora de comer… Ese es además el gesto siguiente de paz que debería adelantar el estado colombiano, ese es el gesto por el cual los antiguos revolucionarios pueden continuar sus ideales, como dice el famoso grafiti de la Universidad Nacional de Colombia, donde está la plaza Che y todo eso, y que resume un poco lo que hablamos: “Para los animales de Colombia todos somos del ESMAD”

Celebremos todos pero además aportemos, terminando también con la violencia y el reguero de sangre que patrocinamos cada que comemos carne.

Alejandro Arango

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