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La paz y el vegetarianismo

¿Cómo vamos a tener paz si participamos directa o indirectamente de la matanza de millones de animales cada año?, ¿cómo vamos a esperar armonía si no somos compasivos con los demás seres que sufren por nuestra causa, si contaminamos el planeta con productos tóxicos, con plásticos y desechos no reutilizables?, ¿cómo vamos a esperar ser felices si nuestras relaciones son de explotación?.

Todo esto sucede por desconocimiento y por la insensibilidad hacia el dolor ajeno.

“Es imposible para una persona sensata agarrar un conejo y torcerle el pescuezo”.1

Aunque no participemos directamente del acto cruel de someter a los animales a situaciones que son inhumanas, a torturas como cámaras de gases, aturdimiento, choques eléctricos, desfibrilación y mutilación de sus partes; incluso cuando están vivos, estamos implicados en su matanza si consumimos productos que contengan sus restos, pues estamos permitiendo que estas situaciones se presenten.

Cada vegetariano puede salvar 83 animales de la matanza cada año.

¡Si ni siquiera somos capaces de reflexionar sobre el respeto por la vida de los animales ni por el bienestar del medio ambiente, ahora qué decir del respeto por la vida de otro ser humano!; y esto último sí que sucede: homicidios, violaciones, actos crueles entre humanos.

“La paz es aquello que transmites”2, empieza desde cada uno de nosotros, y abarca todos las esferas de nuestra vida, desde lo mas esencial que es nuestra alimentación, las necesidades básicas, hasta las relaciones diplomáticas entre países. Todo esto está permeado por el elemento básico en la sociedad: cada uno de nosotros.

Es así como es posible el cambio de costumbres que atenten contra la integridad y bienestar de los animales, del medio ambiente y del otro ser humano, por aquellas que incluyan los intereses de todos estos entes que no están separados de nuestras vidas.

Porque por más pequeño que sea un acto tiene repercusión en nuestro entorno y en quienes participan de él, porque no estamos en un sistema aislado, en el que el daño sólo lo causaríamos a nosotros. Pertenecemos a un lugar -por desgracia de muchos- en que nuestras acciones afectan a lo que y quienes nos rodean, es por eso, que la vida de los demás seres vivientes también importa al igual que la nuestra.

 

1,2: Swami BAP

Marcela

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