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La carne y el cerebro.

Algunas personas no hayan muy razonable la postura de aquellos que no comen carne. Argumentan que el cerebro humano evolucionó, gracias a que su tamaño y capacidad, aumentaron, por el consumo el carne.

-Sin la carne no hubiéramos evolucionado- dicen orgullosos del tamaño de sus cráneos.

Como si, estando un día andando por ahí tranquilos, no da, de repente, por comernos un pedazo de animal muerto. Otro día lo mismo y así, hasta que el exceso de proteína actúa sobre nuestro cerebro que de un modo u otro, crece y crece, hasta hacernos lo que somos. No sabemos si en tal plan está incluido, churrasco mediante, seguir haciendo crecer el cerebro para en un futuro tener una cabeza mayor, tipo Mars Attacks (Que sí que eran inteligentes los tipos esos). Tampoco dicen si tal futuro implica también un empaque transparente como el de la película, para exhibir más nuestro hermoso logro evolutivo.

En fin, cada cual concibe su pasado con mayor o menor fábula, y se proyecta el futuro que quiera.

Nosotros vengámonos para el presente, el eterno presente, teniendo el cerebro que tenemos ahora, dadas las circunstancias del planeta, de nuestro cuerpo y de nuestras exigencias éticas, ¿Qué es mejor? A ver, ¿Qué dicen esos cerebros?:

Quien no come carne tiene un 32% menos probabilidad de tener ataque del corazón según el último estudio en Inglaterra y un 62% menos probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 En Eso hablando de nuestro cuerpo, en relación con el medio ambiente, ocupamos el 30% de la masa terrestre en la cría de animales para consumo y cerca del 80% de la tierra que se ha deforestado en el amazonas se utiliza para la cría de ganado.

Así nos informa una de las organizaciones más influyentes de los últimos años en la defensa de los animales llamada Mercy For Animals, que justo, como su nombre lo indica (además de estos y otros datos más) apela a la misericordia por los animales.

Porque podemos ser misericordiosos, porque hace falta que allí donde el poderoso pueda, sin necesidad de ser coartado por el miedo o la presión, ayudar al débil en lugar de abusar de él, debe hacerlo, no importa si es una cuestión de hogar o de geopolítica. ¿Si uno mismo no acaba con el abuso que le corresponde con qué cara va a venir a reclamar por abusos ajenos?

Pero creo que para esto se necesita un poco de corazón, porque (a pesar de todo) parece que el cerebro no nos está alcanzando.

Miguel Rodriguez

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