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Jesús, barato y a tu medida.

Como buen maestro que se respete, en tiempos de manoseo, Jesús ha dado para todo. Como quien falsifica una buena marca para gozar gratis del prestigio que no se merece, son cientos y millones de versiones amañadas de sus palabras y actos las que han terminado por llenar más de sangre este valle de lágrimas.

El tiempo y la distancia  juegan en contra de las enseñanzas del “zarco” (ya digo que la cosa da para todo). El intento de que exista un distribuidor oficial puede funcionar para vender zapatos, pero en términos de enseñanzas se necesita más que eso. Las tradiciones ancestrales que han sobrevivido demuestran que nada garantiza con armar una institución y que los peligros de fomentarla son grandes, sobretodo cuando cae en manos de fanáticos o de intereses particulares, que sí, que no, que dijo, que no dijo…

La única solución probada y recomendada es que nunca falte el Maestro. Lo cual requiere no sólo que hayan tan buenos discípulos que puedan hacerse a sí mismo maestros, sino que  los nuevos estudiantes entendamos que es un contrasentido negarle a un santo su capacidad natural de hacer otros santos.

Claro, en este caso, una vez más, la lógica cede ante la pereza, y es mejor adorar a un Jesús lejano, barato y a mi medida, que no pueda corregir mis malos actos sino cuando yo quiero o me lo imagine, que ser capaz de aceptar que la presencia del Maestro puede y debe ser constante.

A menos que se enseñe a cada persona a buscar su Jesús presente aquí y ahora, la polémica y el mal uso de su nombre continuará prosperando.  Siempre habrá quienes por sus intereses particulares quieran tener el monopolio de Jesús y las enseñanzas de los Maestros.  Pero, por fuera de eso, la verdadera conexión con el Maestro siempre estará disponible desde el corazón del que pregunta con sinceridad.

No dejar que se haga presente y libre esta necesidad de tener a Jesús vivo (en un fiel representante, que no tiene que ser el Papa como ya dijimos) es crucificar a Jesús una y otra vez. Y sus efectos nocivos se evidencia de forma dramática no sólo en las atrocidades bien conocidas de las iglesia católica y muchas otras, sino en el chiste que circula por ahí: “Cuando tengo problemas siempre pienso en qué haría Jesús en este caso. Y entonces me hago el muerto y me desaparezco tres días”

Que si Jesús comía carne o no. Que si Jesús multiplicó los peces o eran panes. Que si no contamina lo que entra por la boca sino lo que sale de ella, que entonces tome cianuro… y nos cuenta. Qué si es tan normal y bueno por qué entonces la vigilia, la cuaresma. Que qué opina Moseñor Mario Canciani (Uno de los miembros de la iglesia católica que más ha estudiado el asunto), que Tomas de Aquino qué explicó, que San Jerónimo (el traductor oficial de la biblia al latín) por qué quitó ciertas partes, o, y ya como postre, quién era el tal Justiniano y por qué le dio por cambiar la doctrina cristiana tan a su capricho y cómo obtuvo tanta influencia…

Pero más allá de todas estas instancias sospechosas, la respuesta está, como dijimos, para quien indaga sinceramente. Y ahí quizás veremos que dejar de comer carne no te aleja de tu amor por Jesús, y quizás encuentremos lógica la idea de que el emisario de la compasión y el amor no estaría (o está, si haz tenido fortuna en dar con un buen representante) muy de acuerdo con la tortura y muerte innecesaria y sistemática de millones de animales en el mundo.

Y hasta puede que Jesús te importe un rábano, pero dejas de comer carne igual.

 

jesus veg

Alejandro Arango

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