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Irlanda detecta carne de caballo y cerdo en hamburguesas “de vacuno”

as hamburguesas mienten. O al menos esa es la desconcertante realidad a la que se enfrentan desde ayer los consumidores irlandeses y británicos de cinco de las principales cadenas de supermercados de sus países, a los que han dado gato por liebre, o, para ser exactos, caballo con un aliño de cerdo por vaca. Lo confirma un estudio hecho público ayer por las autoridades sanitarias irlandesas tras inspeccionar tres plantas procesadoras de carne, dos en suelo irlandés (Liffey Meats y Silvercrest Foods) y una en suelo británico (Dalepak Hambleton), dedicadas a la producción de hamburguesas congeladas y cuyo rastro, en esta economía globalizada de infinitos tentáculos, podría llegar hasta España.

El origen de los restos de ADN de cerdo y caballo encontrados en productos supuestamente vacunos y descubierto casualmente en un control rutinario podría estar en carne de caballo almacenada en dichas plantas y procedente de España y Holanda, en palabras de Raymond Ellard, responsable de la protección del consumidor de la Agencia de Seguridad Alimentaria Irlandesa (FSAI). “Son productos que vienen de España, Holanda y un poco de Irlanda y son productos que, por lo que sabemos, no se han utilizado en la producción de las hamburguesas. Simplemente eran parte del inventario y si han llegado a la carne parece que ha sido de forma accidental”, declaró ayer Ellard en la radio pública irlandesa RTE. Horas antes el ministro de agricultura irlandés, Simon Convey, sugería también que la causa estaba en España.

La FSAI analizó 27 tipos de hamburguesa diferentes y encontró que 10 de ellas contenían ADN de caballo y 23 ADN de cerdo. En algunas de las marcas de hamburguesas analizadas, que ya han sido retiradas de tiendas tan populares como Tesco (la mayor cadena de supermercados del Reino Unido), se ha encontrado hasta un 30% de carne de caballo respecto al total de una hamburguesa. Pese a que su inesperada presencia no supone ningún riesgo para la salud, según insisten las autoridades sanitarias irlandesas (las británicas están realizando aún su propia investigación), el descubrimiento no deja de ser un choque para dos países donde los caballos son básicamente una afición muy popular que nada tiene que ver con la gastronomía y sí con las carreras (la Reina de Inglaterra es adicta y apuesta compulsivamente), y donde los 2,7 millones de musulmanes británicos no se sentirán exactamente cómodos sabiendo que han estado comiendo carne de cerdo, prohibida por su religión.

“Aunque hay una explicación plausible para la presencia de ADN de cerdo en estos productos, debida a que las carnes de diferentes animales se procesan en las mismas plantas, no hay una explicación clara sobre la presencia de ADN de caballo en plantas donde no se utiliza caballo. Los irlandeses no esperamos encontrarla en una hamburguesa y entiendo que para algunos grupos religiosos que no comen carne de cerdo la presencia de ADN porcino es inaceptable” declaraba ayer Allan Reilly, responsable de la FSAI, sin mencionar a España.

Ni el curry de carne ni la lasaña se libran de este mosaico carnívoro donde 21 de 31 productos precocinados con carne vacuna y también analizados por la agencia irlandesa han resultado positivos en el test de ADN de cerdo.

Los responsables de los supermercados Tesco, Iceland, Aldi, Lidl y Dunnes se han apresurado a retirar los productos contaminados de sus estanterías y otros procedentes de las mismas plantas procesadoras como medida de precaución, además de hacer las clásicas declaraciones con las que tranquilizar a sus consumidores, en cuya memoria sin duda también está presente el escándalo de las vacas locas, que afectó a la carne vacuna británica hace menos de dos décadas. “Estamos trabajando con las autoridades para entender cómo ha ocurrido esto y para asegurarnos de que no se repite. No estamos dispuestos a comprometer la calidad de la comida que vendemos. La presencia de carne ilegal en nuestros productos es extremadamente seria. Nuestros clientes tienen derecho a exigir que la comida que compran se produce con el máximo nivel de calidad” declaró en un comunicado Tim Smith, director técnico de Tesco.

Pero, como aseguró por la tarde el primer ministro británico David Cameron “la situación es inaceptable y es preciso subrayar que, en última instancia, los minoristas son los responsables últimos de lo que venden y de la procedencia de lo que venden”.

Para el Ministerio de Agricultura español, se trata de una situación que, en ningún caso, afecta al sector español que, como mucho, y si se conforman las informaciones, se habría limitado a exportar alguna partida de carne de caballo.

Desde la Administración se insiste en que, según los datos hechos públicos por las autoridades comunitarias, no existe ningún problema de calidad o seguridad alimentaria. Esto es muy importante tras el antecedente de la falsa acusación al pepino por la Escherichia coli encontrada en Alemania en 2011. En todo caso, señalan responsables del departamento que dirige Miguel Arias Cañete, la responsabilidad correspondería a las autoridades de ese país para perseguir al importador o al industrial que falsificó las etiquetas de las hamburguesas sobre la composición de las mismas, informa Vidal Maté.

Fuente: El País

Esteban

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