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El caso Palitana ¿Sirven las leyes para propiciar un cambio en nuestra alimentación?

[pullquote align=right] La práctica de no comer animales, a pesar de lo revolucionaria que resulta en nuestros días, no es nada nueva.[/pullquote]

No comer animales es una práctica medianamente difundida en nuestros días pero ampliamente discutida y comentada. Y, sin ser un premio de consolación para los activistas, eso de “comentada” ya es un gran logro. Porque, por lo menos ahora el asunto no es tanto de ignorancia como de pereza, y eso hace estamos más cerca de que la responsabilidad (ya sea que elija comer carne o no), sea asumida y trabajada, ojalá, de forma individual. Justo el lugar desde donde se puede solucionar de forma inmediata.

Y para echar un poco más le leña al buen fuego de la discusión sobre si deberíamos comer animales o no, queremos comentar acá acerca del argumento que nos dice que: “siempre comimos carne”. Esas ideas nuevas de no comer animales, son inventos extraños. De hecho, la tradición, junto con el sabor, son quizás, los dos argumentos menos peregrinos a favor de comer animales.

En respuesta a esto, existen en India cientos de pueblitos y pequeñas ciudades en donde no se come carne, y no como producto de una exitosa campaña activista, simplemente nunca se ha comido. Así tenemos que la idea no es nada novedosa y que existen desde siempre personas, pueblos, civilizaciones enteras que nunca comieron carne.
Palitana destaca entre estas ciudades en donde come carne es la excepción y no la regla, y más ahora cuando, gracias a la protesta de cientos de monjes Jainistas, no sólo no se come sino que está prohibido tener animales destinados a la venta en otros estados.

Ahora bien, y como venimos comentando desde el principio, la medida, que ha hecho declarar a Palitana como la primera cuidad vegetariana del mundo, debe interpretarse en orden. No es que Palitana sea la primera ciudad del mundo por tener tales leyes. Sino que tiene esas leyes gracias a que tiene tradición.
Las leyes ayudan, pero son falibles. La conciencia en cambio, cuando es despierta y está atenta, no falla. Así que bienvenidos sean los decretos y las leyes, pero más bienvenidos aun, la buena compañía y el espíritu solidario.
Por eso los activistas en estas tierras si bien buscan avances legales y los celebran por su importancia cuando son obtenidos, no descuidan el dar cada día a todo el que se encuentre un argumento o estímulo para comer mejor, para que la discusión no se apague.

RDLC EDITOR

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