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Dejar la carne. ¿Cómo llegar al punto de no retorno?

Como dicen por ahí: Mover a la gente es muy difícil. Se puede ver en el tema político por ejemplo, el problema no es que las personas elijan mal, el problema es que no elijen, no se mueven, la mayoría no vota, entonces no es que los que votaron eligieron, sino que los que no votaron, no eligieron. Y eso puede aplicarse a casi todo. Por eso cuando alguien se mueve en alguna dirección necesaria pero difícil, tales pasos deben cuidarse y mirar cómo hacer para evitar volver atrás.

Woody Allen tiene un chiste bueno sobre dejar de fumar. Él dice: Dejar de fumar es muy fácil, yo lo he hecho como quince veces. Y quizás a muchos les pase lo mismo con la carne. Y en este caso nos parece triste porque el cambio de dieta que pueda estar viviendo la gente en estos momentos históricos constituye sin duda una revolución, por lo cotidiano, por lo sencillo y por lo profundo de sus implicaciones en la conciencia de la gente y en el saber que sí se puede.

Aunque está requete comprobado que comer carne es malo, así como fumar, muchos y muchas lo intentan dejar, pero no pueden, y después de un tiempo vuelven a caer. Con tristeza, con pesar por los animales, con lágrimas en los ojos van masticando y tratando de olvidarse de aquel video que alguna vez vieron. O se refugian en el hecho de que todos al rededor están comiendo igual… quizás no sea tan malo, se consuelan.

Lo mejor sería que existiese un punto de no retorno. De donde ya no se pueda regresar. Bueno, la mente de cada persona tiene sus características particulares, y quizás no se pueda ser absolutista en estos temas, cuando cada individuo va por la vida tratando de hacer lo mejor que puede. Sin embargo, sí se puede notar cómo ciertos argumentos y ciertas costumbres pueden ayudar más que otras.

Así, podemos empezar con las razones más susceptibles de flaquear hasta las más sólidas.

No como carne por salud. A pesar de ser la más común y sonada, y respaldada por cientos de investigaciones y testimonios, puede pasar que algunas de las personas que sólo dejan la carne por la preocupación de su salud vuelven a comer carne, si es que les llega algún informe raro diciendo que la carne no es tan mala, que pueden comer un poco de pescado, que incluso eso es bueno para la salud, o que si come de forma regulada no será tan grave, como les puede decir algún mal médico bien pagado. Siguiente.

No comer carne por ecología, es una razón de peso y que de hecho hace que muchas personas preocupadas por el medio ambiente, que deberíamos ser todos, noten la gran contradicción entre querer un mundo más sostenible en términos ambientales y comer carne. Sin embargo, también puede pasar que desde este punto se retorne, porque, bueno, podemos ser muy cara dura, y pensar que nadie va a notar que lo bonito que hablamos sobre ríos y bosques se derrumba cuando comemos pedazos de animales muertos, o bien, retornamos a la carne porque total ya estamos en camino de descubrir aquella bacteria que lo limpiará todo por nosotros, o alguna otra candidez de ese estilo. Continuemos.

No como carne porque los animales sufren. Quizás la razón con más peso, la compasión y sus múltiples ramas: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti, sabemos que no te comerías a tu mascota, y como puedes comerte algo que no te atreves a ver el proceso de cómo llegó a tu mesa. En resumen si alguien todavía tiene algo de Humano es decir sensible con el dolor del prójimo, o al menos quiere desarrollar tal cualidad, sabrá que comer animales es la mejor forma de atrofiar nuestro necesario lado de empático.

Sin embargo… el matadero está lejos y a veces la prisa, o quizás los métodos no sean tan crueles ahora… y aunque difícil, se puede dar que desde este punto alguien retorne, por descuido, por pereza o por olvido.

Por eso, el punto de no retorno es cuando no solamente no comes carne, sino que además te vuelves activista. Y ahí puedes repasar de forma constante las razones de salud, de ecología, de compasión que existen para no comer animales, y lo mantienes fresco y ves como las personas sonríen y les nace una extraña y nueva fe incluso en la desacreditada raza humana. El activismo es la mejor medicina contra esos males casi que incurables, contra el descuido, la pereza y el olvido.

Y como es casi seguro que volvernos activistas nos va a dar pereza o lo vamos a olvidar o a pasar de largo lo mejor es tener un buen amigo o amiga activista, de ahí ya es difícil retornar.

Miguel Rodriguez

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