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Balas en Europa, aprendiendo a cicatrices.

Ni Europa ni el mundo van a olvidar el día en que dos tipos con capucha negra entraron a la sede del periódico Charlie Hebdo. Digo que no lo olvidarán pero después pienso quizás sí, cosas peores han pasado y… . Digamos más bien, que no lo olvidarán fácilmente.
Y será así porque fue un asunto horrible, sin duda, pero más que por lo horrible (porque cosas así de horribles y peor, ya decimos, pasan a cada rato, casi que en cada plato) no lo olvidarán tan fácil por lo cercano, en el mismísimo París, en un barrio como tan tranquilo.
¿Qué sigue? Se pregunta la gente y ese es el error, pensar que con esto se llegó al colmo, sabiendo que por el colmo ya pasamos hace rato. Y es alentador que se indigne mucha gente y que mucha gente proteste, pero es desalentador que sólo lo haga por esto. Porque si se limitan a hacerlo sólo por esto, quiere decir que el todo, que es bien horrible en general precisamente porque esta llenos de actos como estos, seguirá igual.
De ahí que para hacer algo útil en contra del asunto debamos aprovechar y aprender a asimilar el horror de forma completa, no sólo con el escándalo de momento. Debemos para este y para todos los que vienen, (porque no será de un día a otro) mantener el cambio personal constante y el activismo social sin tregua en lo que consideremos digno de protesta y de recuerdo.
Qué tal si Europa, que es para el caso la implicada número uno, (cada región tendría que hacer lo propio), y los periodistas, que es el gremio de turno, (cada gremio…), qué tal si los periodistas de Europa, escriben manteniendo esa misma indignación de los días recientes a los hechos en Charlie, pero con temas más de fondo, que demuestren que verdaderamente se han civilizado un poco. Podrían por ejemplo hacer algo frente a los 85 millones de muertes que, con igual frialdad de los asesinos de París, se echaron a cuenta con la masacre en América durante la conquista, claro no sólo muerte sino también el robo de 185 toneladas de oro y 16 mil de plata… Podrían también dejar de pautar con empresas que continúan explotando en América Latina, en fin podrían tantas cosas… o parar de apoyar guerras en Asia que no tendrían que ver con ellos, pero quizás sea pedir mucho, y quizás dirán eso ya se ha ido olvidando. Pero yo creo que no, porque en París o en tierras americanas, la sangre duele igual cuando se derrama así.
Para no dejar nada en el tintero y sabiendo que tal cosa ya es mucho, pero mucho pedir, deberíamos parar de una vez el terror con el que desayunamos todos los días, cual si fuera una mañana sangrienta en París, cuando comemos animales. Suena traído de los pelos, aunque no tanto si tenemos en cuenta que los cuatro caricaturistas asesinados en París, denunciaban también, en sus dibujos entre las otras barbaridades, los abusos que se comenten contra los animales. Sabían que la barbarie esta muy metida adentro.

Miguel Rodriguez

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