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Comer carne… ¿Y por qué no?

Entre tanta información, tanto documental , tanto earthlings, hay que preguntarse de forma imparcial: Comer carne… ¿Y por qué no?.

Para comer carne pueden encontrarse muchas razones. Quita el hambre, alimenta, da empleo, quizás sea cruel pero eso no lo vemos, es la comida más inmediata que en muchas ocasiones llega a nosotros sin haberlo planeado demasiado, puede incluso ser el negocio de la familia, hay gente sin que comer y por lo menos nosotros tenemos esto, nos gusta su sabor. Incluso puede ser un indicativo social e interno de que nuestra economía esta bien.

Nada de eso se puede negar, quizás pueda alguien argumentar que nos podemos poner en el lugar del otro. Sus sentimientos. La ética… y en fin. Pero, ¡Bah!, ¿para qué complicarse?.

En defensa de todas estas razones (incluyendo eso de evitar la reflexión del sentir del otro) se podría dejar en claro acá que no debería haber ninguna objeción, ni escándalo ante los hechos sucedidos en 2014 en un restaurante ubicado en Anambra, sudoeste da Nigeria, que fue cerrado por la policía al enterarse de que sus exquisitos platos (miles de turistas pasaron por ahí para deleitar su paladar) estaban hechos con carne humana. Como lo informo el diario The Independet (recuerde la noticia aquí).

Es realmente injusto que un negocio que estaba brindando alimentos que quitaban el hambre, que nutrían, que daba la posibilidad de mostrar un cierto poder adquisitivo, que daba empleo y era el sustento de una familia, haya sido cerrado por el atropello policial. Un caso similar ocurrió con el escándalo que se vivió con la película ochentera llamada Holocausto Caníbal, donde los pobladores de una región en el Amazonas, decidieron calmar su hambre con un puñado de antropólogos que se asomo a ver que pasaba por allá. Chicos, es normal, ellos tenían hambre y era lo que había más inmediato para comer… ¿Para qué complicarse con vainas? ¿Ah?

Alejandro Arango

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Si todo fuese más fácil seríamos más buenos. Por supuesto no debería estar supeditada nuestra bondad a la comodidad pero es así. Si revisamos las elecciones que hacemos en nuestra vida diaria, compras, horarios, lugares, distancias, nos vamos a dar cuenta de como la comodidad se ha apoderado de nuestra capacidad de pensar. El mundo lo mueve la comodidad. De hecho muchas campañas de activismo en diversos órdenes se desgastan en sólo dar razones sin saber que sin dar posibilidades, por más que lo entiendan, la gente no va a cambiar. No debería ser así, ya lo dijimos, y no siempre es así. Pero es un hecho que el factor comodidad, por no decir pereza, es algo a tener en cuenta. Y toda campaña debería considerarlo.