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Okupa. Lo natural de habitar.

No tener ni en que caerse muerto, es la definición para aquel que no tiene nada. Y si vamos al sentido literal ese estado es más natural de lo que se piensa. Si vemos a nuestro alrededor, poder tener casa propia, con un sueldo promedio, con unos años de vida promedio, con una media herencia promedio, es el logro máximo de toda una vida entera.

La idea, al fin de cuentas, parece ser: Pasarse la vida pagando un sitio, para tener en que caerse muerto.

Como Sierra Nevadalo sospechara el perspicaz lector, no siempre fue así. La idea de pagar por vivir en un sitio fue un invento. Un invento fabricado por aquellos que justamente son los que se dicen, por un papelillo, que ellos son los dueños. Porque si resumimos los dueños, dueños de todo por acá, de lo grande digo, son los mismos desde la conquista. Cuentan que Rodrigo de Bastidas, célebre por invadir sin respeto el territorio americano, (en wikipedia, todavía utiliza el verbo  “descubrir” para nombrar la infamia) fue quien empezó a llevar ganado a sus “nuevas tierras” ganado que todavía anda por ahí y que todavía ostentan ciertas familias de poder.

Así, esa visión de propiedad de la tierra, es un asunto meramente conveniente y bien traído de los pelos. Justamente, relatan los Mapuches que entre todas las cosas raras que traían los invasores en aquella época, lo que más les sorprendía era la idea de que pensaran que algunas personas, (algunos habitantes de la tierra precisamente), podrían simplemente no tener tierra. U otro resumen de aquellos años en una simple frase que dice: “Cuando llegaron nosotros teníamos la tierra y ellos traían la biblia, después, nosotros teníamos la biblia y ellos tenían la tierra”. Siempre aclarando que eso de “tener la tierra” es un asunto muy distinto en manos de uno y de otros.

Traducido a la ciudad el grito se llama Okupa: Entrar en casas abandonadas y tomarlas, mostrar que se puede vivir en forma comunitaria, que la solidaridad y el sentido común tiene mucho que enseñar. La estrategia del caracol, lo reseña bien.

Arriendo, cuotas, préstamo, qué asunto más loco es eso, si se mira bien. Aunque claro a uno ya le parece normal, que vivir en la tierra, a los hijos de la tierra les cueste, porque alguien vino a descubrir… y ocupar, ese si de forma condenable, el puesto que era de otro.

Aunque, quizás bien visto, nos lo tenemos merecido. El arriendo es el precio del descuido, de la indiferencia. Dicen que el activismo es la cuota que nos corresponde pagar por vivir en el planeta, y quizás justo por no hacer esa paga, nos toca cargar con la cruz de la otra. Olvidarse de agradecer, de ofrendar, nos lleva de algún modo a tragarnos enterita la mentira de que no hay tierra. Pagamentos y ofrendas cambian tu percepción del lugar que habitas.

Cuando se reconoce una relación con lo vivo a nadie le da por decir: esta tierra es mía, como si de un juego infantil se tratara, es mía porque yo la vi primero. No, don Bastidas, y de ahí para abajo: La tierra ya la habían visto y la venían cuidando desde hace rato. Mala idea el venirse por acá a ocupar.

Eco Aldea

Alejandro Arango

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