Confesiones del paso a la cuchara…

Ellos ya han dejada la carne…

1.

Comía pescado y no pensaba nunca en el sufrimiento de los pescados hasta que se me metió una espina en la garganta.

Estuve a punto de morir, se me imposibilito respirar y en mi mente apareció el pescado que no podía respirar fuera del agua y se moría lentamente. Prometí mentalmente que nunca más haría sufrir un animalito y ore pidiendo otra oportunidad. En este momento se me salio como de milagro la espina y pude respirar otra vez. Quiero compartir con todos este momento intenso de mi vida que me hizo volver vegetariano con alegría.

Jose Manta islas de san Andrés y providencia, Colombia.

2.

Como pescador siempre estuve deseando pescar un pescado gigante. Era para mi un reto sacar un animal grande del agua. Un domingo muy temprano fui al río cerca de la cuidad de Cali en Colombia, en el valle. Con los primeros rayos del sol mordió mi anzuelo un pez gigante. El anzuelo escondido en la carnada le había penetrado la boca por arriba y comenzó una lucha impresionante. El hilo de pescar parecía que iba romperse por su peso y a pesar de que yo halaba con toda mi fuerza sus movimientos eran tan fuertes que yo no podía sacarlo. Así comenzó una lucha de media hora. Yo sudaba en todo el cuerpo a pesar del fresco de la mañana. Y el estaba fuerte como un guerrero que no tira la toalla, a pesar de estar herido. Finalmente logre de acercarlo a mí, tanto que podía observar su mirada de furia y desesperación. Me sentía frente a un ser muy fuerte. El estaba algo debilitado por la lucha tan larga y yo aproveche un momentito que el tomó para descansar y lo arrastré hacia la tierra. Allí estaba, medía más de un metro de largo y movía su boca con el deseo de tocar el agua y vivir. Mirándome en todo momento. Pensé: Este ser había peleado tanto tiempo contra mí y yo lo había vencido en una difícil batalla. Pero algo dentro de mi me dijo: Ignacio el estaba peleando para salvar su vida mientras que tu peleabas para matarlo. Un escalofrió paso por mi espalda. Me arrodille ante el y saque con cuidado el anzuelo de su boca que sangraba. Le pedí perdón y lo retorne a las aguas sintiendo la más grata sensación de toda mi vida de pescador. Cambie mi hobbby. Hoy hago parte de un grupo ecologista limpiando alrededor de los lagos y en orillas las orillas de los ríos e instruyendo niños sobre lo fuertes y bellos que son los animales, nuestros hermanos. Y pues claro también me volví vegetariano. Gracias por escucharme.

Ignacio Montonegro Palmira Colombia

3.

Mi conejo tiene que morir.

Tuve un conejo macho negro. Era muy afectivo y pase horas con el alimentándolo y acariciando. Me gustaba mucho ir a coger diente de león, su plato favorito. Así se hizo grande. En mi casa solo mi hermanita era vegetariana y le disgustaba pensar como podíamos comer pedazos de animales muertos todos los días. Sin embargo, cuando llego me hora de ir a un internado, pues no habían clases superiores en mi pueblito le dije mi madre que no había nadie quien cuidara al conejo y que ya estaba bien grande como para comerlo. A pesar de que mi corazón estuve en caos no sabía como argumentar. Es más, ella me dijo que debería matarlo yo. Me sentí totalmente incapaz y afligido. ¿Qué futuro tendrá este conejo? No sabía vivir libre y nadie lo iba alimentar. Que sufrimiento. Le pregunté a un vecino si él lo mataría. El estuvo de acuerdo y empezó a afilar una guadaña. Me explicó que con esto le iba romper el cuello, e iba ser más rápido. Mi corazón se rompió en pedazos, le deje solo con mi pobre conejito. Escuche sonidos nada gratos y mi traición a mi protegido fue completa. No había disculpa, ni la habrá. Fue uno de los días más triste de mi vida. Lleve el cuerpecito aún caliente del animal a la cocina de mi madre y salio sin más comentario.

El día siguiente podía apreciar su cuerpo asado sin piel en la mesa donde todos se acostumbran a comer. Yo lo vi como había sido. Vivo y afectuoso y yo como monstruo abuse de mi poder contra el. Las lágrimas bajaron de mis mejillas y sali corriendo de mi casa. Regrese muchas horas mas tarde. Para mi asombro el conejo estaba en la mesa igual como antes. Mi madre me dijo que nadie había podido comer un solo pedazo, ni mi padre tampoco, quien quiso obligar siempre a mi hermanita a comerse la salchicha de la sopa. Yo de tonto se los recibía de parte de ella para "sacrificarme" por ella. Nunca pude olvidar mi conejito negro y cuando escuche la primera vez del vegetarianismo le pedí nuevamente perdón a mi compañero y decidí ser activista de mensajes de defensa por aquellos que no pueden decir nada y que nos pueden hacer caer a niveles tan bajos como traidores de una verdadera amistad.

Rainer Stuckwisch Erlangen Germany

4.

Jóvenes, locos y ambiciosos queríamos conocer nuestro poder, nuestra inteligencia sin dirección. Mi amigo tenía un rifle de aire. El poder de un arma. Que cosa en las manos de un niño. Yo tenía apenas 11 años y pasaba mis tardes en los campos. Bella naturaleza pero poco ojo tenia yo para ello. Solo quería experimentar mis poderes de ser ignorante. Así, con el rifle en la mano pensé en ensayar mis habilidades de cazador. Buscando un objetivo para mi ensayo vi una palomita parada en el techo de la casa. Apunte a ella y para mi mala fortuna el primero tiro de plomo hizo caer este pajarito del techo rodando muy cerca de donde estábamos nosotros. En el piso aún con vida, convulsionaba y sufría notablemente. Sin saber que hacer lo deje morir en su agonía sintiéndome como el ser mas bajo y mirando con susto el rifle que en mis manos se había vuelto instrumento de matar. Yo admiraba a las palomas por su capacidad de orientación y sus diversos artes en el vuelo. Y allí estaba una de ellas sin vida por mi culpa. La lleva a mi casa y se la di a mi madre pensando que peor iba ser de dejarla allí en el piso. Mi madre después me mostró el balín mortal. Lo guardé para acordarme de este encuentro con la muerte causada por mi. Poco me imagine que solo un año después con un rifle igual un amigo me iba a dar en el ojo haciendo me perder mi vista izquierda. Fue accidental de parte de él, pero a mi se me hizo algo como ojo por ojo. Es más me prohibieron después de la herida en el ojo practicar deportes que había sido mi principal diversión para evitar que se afectasen los nervios del otro ojo. Así mi vida cambio del todo y estudiando muchos libros me di cuenta de que el mundo de las armas no era el mundo donde yo quería tener éxito en mi vida. Así la guerra de Vietnam era para mi ya el colmo de lo horrible después de terminar la segunda guerra mundial.

Estoy endeudado con esta palomita y pido que ella pueda llegar a la perfección pronto y que yo le pueda repagar mi deuda haciendo bien a otros animales en esta vida.

Envia tu historia:

carnivorosanonimos@elarmonista.com