Política en la mesa.

Ganadería, nuestra vaca sagrada.

Tras un estudio serio de la sociedad hindú muchos antropólogos (contrario a lo que pensaban en un principio), han concluido que la costumbre de proteger a los animales, lejos de ser algo sentimental y sin sentido, es una práctica lógica y efectiva en términos ecológicos y económicos.

Un ejemplo bueno de esto es Marvin Harris, y su libro “Bueno para comer”. En el capitulo llamado “El enigma de la vaca sagrada” Harris presenta varios argumentos que lo llevan a concluir que esta “prohibición hindú ofrece más ventajas que inconvenientes”.

La gran cantidad de variedades de cebú que se encuentran bajo el cuidado de los hindúes “rara vez compiten por los recursos con los seres humanos, ya que rara vez pastan en tierras que puedan servir para cultivar alimentos destinados al ser humano”. Al contrario la vaca protegida brinda una amplia variedad de alimentos más su estiércol que sigue siendo el fertilizante más empleado en la India.

Aunque muchos inversionistas extranjeros quisieran abrir un libre mercado de carne de vacuno en India, esto sería pésimo para ese país. “A medida que aumentara la superficie consagrada a alimentar reses en lugar de personas, unos pocos comerciantes y agricultores ricos cosecharían los beneficios, mientras que el resto de la población campesina se hundiría en niveles más bajo de producción y consumo.

Resulta pues superficial y ridículo señalar el respeto por la vaca como promotora de la pobreza y el hambre en la India. No hay ningún indicio de esto. Mas bien la situación es contraria. Sino fuera por esta costumbre el hambre y la pobreza se expandirían en mayor medida en ese país, justamente como ocurre en el nuestro.

Trabajos como el de Marvin Harris, demuestran como la ganadería es el peor uso que se le puede dar a la tierra y la vía segura a la desigualdad social y a la pobreza. La acumulación de ganado y tierras esta directamente relacionado con la mala distribución de los recursos.

Como ven, el consumo de carne tiene hondas implicaciones en la situación del planeta y del país. El mantenimiento de ciertos grupos de poder y la mala distribución de la tierra (asuntos que a menudo son señalados por los historiadores y analistas como causantes de los problemas en el país), deben buena parte de su existencia a la ganadería extensiva. La herencia se remonta a la época de los conquistadores. Rodrigo de Bastidas, fue el responsable de la primera expansión de ganado vacuno en tierra firme. “Hombre de grandes influencias y uno de los más ricos ganaderos de las nuevas tierras conquistadas poseía más de 10.000 cabezas en La Española, ya que cuando se instaló en la isla invirtió gran parte de su capital en ganado en cuya explotación tuvo un gran éxito”; nos informa amablemente la Federación Ganadera de Córdoba en su texto “Origen de la ganadería en Colombia”. Desde Bastidas hasta nuestros días los dueños de la tierra no han cambiado mucho, y, en buena parte, la manera de mantener sus fortunas tampoco. Así, dejar de comer carne es una posición consecuente para los interesados en revertir esta situación. Las 40 millones de hectáreas del territorio colombiano que hoy se utilizan en potreros harían las delicias de miles de desplazados y pondrían a pensar a los por siempre abanderados de la reforma agraria que nada sería sin un cambio de dieta. Porque incluso, en caso de una igualitaria redistribución de la tierra, si se continúa con la ganadería, las cosas no irían tan bien como pareciera: los ambientalistas coinciden en que no es viable un desarrollo económico según los modelos de industrialización europea y norteamericana, no hay tal cantidad de recursos naturales, no lo soportarían los niveles de contaminación, si a los 9.000 millones de habitantes del planeta les diera por llevar una vida típicamente americana con sus más de 25.000 millones de animales que se sacrifican al año para su consumo.

Esto, como todo, tiene sus contradictores, la Federación Nacional de Ganaderos al ver disminuído el consumo de carne de vaca en el país (dato que puede corroborarse en el propio sitio web de la federación) es lógico que se oponga y haga todo lo posible por frenar el vegetarianismo con típicas campañas de contra información y tal; que para el caso resultan algo ingenuas. "No coma cuento coma carne" dicen, lo que entre líneas viene siendo algo como: "Coma carne, no pare bolas de lo que le dicen, no se pregunte" "No piense, coma carne".

De todas formas esta lucha no es de bandos. Sabemos que es más importante conquistar una conciencia, la suya, que un territorio.